¿Existe el mejor español?

Amalia Pedrero González, Universidad CEU San Pablo

Si vamos al cine, durante la película podemos tomar pororós cuando estemos en Argentina; pero si lo hacemos en México, Chile o España serán palomitas o palomitas de maíz; crispetas en Colombia; cotufas en Venezuela; millo en Panamá o rositas de maíz en Cuba, sin olvidar el anglicismo popcorn.

El español es una lengua hablada casi por 600 millones de personas, y es la lengua materna de 500 millones. Estos hispanohablantes, repartidos por todo el mundo, no tienen un habla homogénea, sino con gran diversidad: sus variantes pueden ser dialectales (diatópicas), sociales (diastráticas) o estilísticas (diafásicas): guay, chévere, padre o bacano pertenecen a estilos informales, frente a excelente o espléndido, con el mismo significado, aunque de carácter más formal.

Ante tanta diversidad, existe una norma panhispánica, común a todos los hispanohablantes: la ortografía es la misma para todos. Pero hay otras normas que no son generales, ya que conciernen a zonas concretas: en España hay una diferencia entre los pronombres vosotros/ustedes, pero no así en América, donde solo se emplea ustedes. Otro ejemplo es el voseo: en el español rioplatense pertenece a la norma culta, y así lo encontramos en la publicidad; sin embargo, en otros lugares, o no se da (Cuba, México, España), o adquiere un estatus diferente (Centroamérica, Colombia, Chile).

Diferencias geográficas

Las variedades geográficas hacen que muchos hablantes se planteen: ¿hay un español “mejor” que otro? ¿Más correcto, o más cercano a un “ideal” de español? Una respuesta rápida o entusiasta no siempre conlleva veracidad, pues no existe un español mejor que el resto desde un punto de vista territorial.

Para reflexionar sobre si existe un español ideal según su variedad geográfica o dialectal, se pueden establecer dos parámetros: las creencias de los hablantes, por un lado, y lo que dicen los expertos (prescriptivismo), manifestado por la postura institucional representada por la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua (ASALE).

El “mejor español” según la postura institucional

La posición académica ha ido evolucionando con el tiempo. Las primeras obras de la Real Academia Española (Diccionario de Autoridades de 1726-1739, Orthographía española de 1741 y la Gramática de la Lengua Castellana de 1771) mostraban una visión concéntrica del español, que identificaba como normativo el español del norte de Castilla casi en exclusividad. No obstante, hay que reconocer que, para la época, ofrecían una perspectiva aperturista al incluir voces típicas de otras zonas, entre las que se encuentran los americanismos.

Aunque la presencia de estos americanismos era muy escasa, desde finales del siglo XIX la Academia tuvo como objetivo que el léxico hispanoamericano quedara reflejado en el Diccionario, actitud que se intensifica desde la edición de 1925 (15ª).

En la actualidad, tanto la RAE como ASALE afirman mantener una política lingüística panhispánica, remarcada desde la publicación de la Ortografía de 1999, a la que siguen obras como el Diccionario panhispánico de dudas y la Nueva gramática de la lengua española de 2009.

Esta postura institucional no destaca unas variantes por encima de otras e insiste en el concepto de “pluricentrismo”:

“Se parte aquí del principio de que la norma tiene hoy carácter policéntrico. La cohesión lingüística del español es compatible con el hecho de que la valoración social de algunas construcciones gramaticales pueda no coincidir en áreas lingüísticas diferentes”. Página XLII del prólogo de la edición Manual de la Nueva gramática de la lengua española.

Variantes dominantes

Por tanto, desde el punto de vista institucional, la norma del español es pluricéntrica: no es más correcto el español de España por distinguir los sonidos de las grafías s y z que el de América.

El problema se encuentra en determinar cuántas variantes de prestigio o modelos idiomáticos habría: ¿español de España, español de México y Centroamérica; o español andino, español rioplatense y español austral? ¿Sería mejor concretar por países? ¿Todas estas variantes tendrían el mismo nivel de prestigio?

Si las instituciones no se pronuncian sobre esta cuestión, se puede considerar que lo harán los propios hablantes.

¿Qué piensan los propios hispanohablantes?

Existen varios estudios sobre las creencias de los hispanohablantes hacia las variedades del español, entre los que destaca, por su carácter panhispánico, el trabajo Actitudes lingüísticas de los hispanohablantes hacia el idioma español y sus variantes, realizado en 20 países entre Hispanoamérica y España.

En este trabajo se observa que, con independencia de la procedencia, se le otorga gran importancia a “hablar bien”, es decir, a la corrección lingüística. En consecuencia, las variantes consideradas más correctas serán las de mayor prestigio. En la investigación, al preguntar a los encuestados cuáles pensaban que eran las variantes del español que consideraban más correctas, prevalecen las del propio país del encuestado, junto a otras como la de España o la de Colombia. Así pues, estas creencias no implican uniformidad lingüística, ya que, igual que estuvieron de acuerdo todos en la importancia de “hablar bien”, también lo estuvieron en la diversidad.

Por lo tanto, no hay un mejor español en relación con los países, ni institucionalmente, ni por creencias. Simplemente, hay hablantes que emplean bien la lengua y otros que no lo hacen, pero contar en el léxico con sinónimos como alubias, caraotas, frijoles, habichuelas, judías o porotos contribuye a la diversidad, y esta crea la riqueza del español.The Conversation

Amalia Pedrero González, Profesora Titular de Lengua Española, Universidad CEU San Pablo

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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